El chocolate da la vuelta al mundo 1

Italia
Algunos historiadores creen que el chocolate llegó a Italia mediado el siglo XVI, cuando el duque Emmanuel-Filiberto regresó del exilio tras haber probado el chocolate en España. La teoría más popular dice que el chocolate lo importó un mercader florentino, Antonio Carletti, que lo había descubierto mientras viajaba buscando nuevos productos para importar. La más probable afirma que el chocolate llegó al país como medicina por medio de los conventos. Hacia el s. XVII, un número cada vez mayor de empresas chocolateras se había establecido en el norte de Italia, en Perugia y Turín y empezaron a exportar sus novedosos productos a otros países europeos.
Una colección de recetas reunida por un sacerdote italiano del siglo XVIII muestra la característica imaginación de los italianos en su uso del chocolate en comparación con otros países. Entre las recetas de esta colección se encuentran perlas como: Hígado bañado en chocolate y frito, Sopa de chocolate, Budín de chocolate con ternera, tuétano y frutas confitadas, y Polenta de chocolate.

Francia
Francia también cayó muy pronto presa del hechizo del chocolate. Al igual que en los casos español e italiano, hay diversas teorías acerca de cuando apareció en el país. Hay quien dice que fue a causa de la existencia de una red de monasterios que abarcaba a Francia y a España. Otra teoría sostiene que el chocolate entró en Francia como medicina. Hay pruebas, a través del historiador francés Bonaventure d’Argonne, de que el Cardenal de Lyon bebía chocolate “para combatir la melancolía y atemperar sus accesos de ira y su mal carácter”, y de que “había tenido conocimiento de sus propiedades en este sentido gracias a unos monjes españoles que lo habían introducido en Francia”. De todos modos, no cabe duda de que la moda de su consumo se generalizó gracias a la nobleza y a los miembros de la realeza, al igual que en otros países europeos. La teoría más popular es la que sostiene que la bebida hizo su primera aparición en 1015, cuando Luis XIII se casó con Ana de Austria, la joven hija de Felipe II de España. A la nueva reina le encantaba el chocolate y fue ella quien introdujo su consumo entre los cortesanos franceses. El chocolate tenía muchos devotos en la corte: el consejero personal del rey, el formidable Cardenal Ma’zarino, se negaba a salir de viaje si no iba su chocolatero particular; y más tarde, María Antonieta, igualmente muy aficionada al chocolate, creó el prestigioso cargo de “chocolatero personal de la Reina”. Las fiestas para consumir chocolate organizadas por la realeza, conocidas como chocolat du roi, se convirtieron en un verdadero ritual social y ser invitado a ellas constituía una muestra de distinción. Entre las muchas anécdotas que se cuentan respecto al chocolate, está la de la infanta española María Teresa, que se casó con Luis XIV en 1660, y de la que se dice que decía: “El chocolate y el rey son mis dos únicas pasiones” (seguramente por este orden). La infanta se trajo de España a una doncella que cada mañana le preparaba una taza de chocolate. Las damas de la corte francesa se sintieron intrigadas por esa nueva bebida, especialmente cuando corrió la voz de que tenía poderes afrodisíacos. Las ventas de chocolate en Francia, según parece, crecieron como la espuma durante este período. Otra anécdota acerca de esta infanta cuenta que su pasión por el chocolate era tan excesiva que su cutis tomó un aspecto horrible y que sus dientes se volvieron completamente negros y llenos de caries. En toda Francia el chocolate nunca dejó de suscitar fuertes sentimientos. En 1664, los eruditos universitarios elogiaban su valor nutritivo, debido a su alto contenido en grasas, pero al mismo tiempo era violentamente atacado por otros plumíferos, que acusaban a quienes consumían chocolate de depravación moral. Incluso Madame de Sévigné, una cortesana francesa y una gran aficionada al chocolate, se pronunció contra el mismo durante un tiempo. En una de las cartas que escribió a su hermana dice: “El chocolate ya no es para mí lo que era, la moda me apartó de mi camino, como suele suceder… es una fuente de vapores y palpitaciones; te adula durante un tiempo y luego despierta en ti una súbita fiebre que es capaz de llevarte a la muerte… En nombre de Dios, evita el chocolate…”. En otra carta cuenta la horrible historia de una tal Marquesa de Coétlogon, que “tomó tanto chocolate mientras estaba embarazada el año pasado que acabó dando a luz a un bebé tan negro como el diablo, que murió inmediatamente”. Finalmente, Madame de Sévigné recuperó su entusiasmo, y en una deliciosa carta evita elegantemente el tema de la relación entre el ayuno y el chocolate: “Tomé un poco de chocolate anoche antes de digerir la comida, para poder hacer una buena cena. Tomé un poco más ayer para mantenerme y poder ayunar hasta la tarde. Lo que más me gusta del chocolate es que se adecúa a los deseos de uno”.

Suiza
Aunque Suiza iba a convertirse en un importante productor de chocolate como golosina, el chocolate como bebida tardó bastante en introducirse en el país. La primera noticia que se tiene está fechada en Zurich en 1697, después de que el alcalde tuviera ocasión de beber una taza de chocolate en un viaje que hizo a Bruselas. A mediados del siglo XVIII, el chocolate era fácilmente accesible gracias a que lo traían al país una serie de mercaderes ambulantes italianos, conocidos como cioccolatieri, que lo vendían en ferias y mercados.

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Chocolate

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